11 enero 2011

¿Juegas o Intervienes?

Hoy he ido al parque con Iris y Maya porque el sol brillaba con fuerza. Es lo que hemos acordado esta mañana. A Iris le apetecía jugar allí y a mí leer. Maya se ha echado una siesta mientras íbamos. A pesar del frío hoy ha habido suerte (otros días no hay nadie) y se ha llenado de niñ@s. Cada niñ@ iba con un@ adult@.

Mientras que me siento a leer y dejo a Iris jugar e interactuar con otr@s niñ@s, me encuentro una y otra vez con este problema: l@s adult@s no dejamos que jueguen, y que interactúen.

Y no me refiero sólo a aquell@s que manipulan el juego de forma evidente: “juega con esto”, “no te subas por ahí”, “te vas a caer”, “dale eso al niñ@ que es suyo”… Me refiero también a l@s que, amorosamente, jugamos con ell@s con el único objetivo de pasarlo bien y hacérselo pasar bien. Tod@s lo hacemos de forma inconsciente. Pero tod@s estamos interfiriendo.

Me pregunto si alguien de los que “juega” se plantea qué busca haciendo eso. Me pregunto si lo hace por ell@s o por él/ella mism@.

Generalmente creemos que amar es dar sin límite, entregar e incluso sufrir. Parte de este “control” o “codependencia” viene del bombardeo mediático y de toda esa lectura “apegada” con la que crecemos, da igual que la relación sea de pareja, como padre/madre/hij@, como con los demás. El romanticismo no es real pero sigue vendiendo. Y nosotr@s somos producto de relaciones insanas (años de terapia nos “separan” de la dependencia insana emocional hacia padres, suegr@s, etc.)

Hay poca literatura que hable del amor entre iguales, del respeto a las necesidades de un@s y de otr@s.
Cuando dejo a Iris o a Maya jugar las respeto. Cuando ellas me dejan realizar actividades propias el respeto me lo brindan ellas. Y en este intercambio no hay acritud o resentimiento. Hay mucho amor.

Con el juego se aprende. Piaget hablaba de aprendizaje “figurativo” por imitación a un modelo exterior, u “operativo” por un experimentar creativo con la realidad concreta. Cuando jugamos con ell@s ponemos el piloto automático “figurativo”, aún sin quererlo. Y ese no es precisamente el mejor aprendizaje.

Yo operaba en “figurativo” , e incluso me formaba para ello, hasta que he decidido proteger el modelo “operativo”. Como tantas otras veces, las piezas han ido encajando en mi cabeza: ¿cómo es que en la Naturaleza los animales en general juegan entre cachorr@s? ¡Ménudas malas madres son las leonas! y… ¿cómo es posible que haya gente que tenga más de un hij@ con el tiempo que merecen? ¡Es imposible “querer” a más de un@ a la vez!!

Que nadie se lleve a engaño: no estoy diciendo que “respetar” a tu hij@ sea trabajar 24 horas y luego ir al gimnasio, etc., ni que te vayas a otra sala cuando l@s niñ@s jueguen o que pongas mala cara cuando tu hij@ u otr@ niñ@ te pida jugar. No van por ahí mis tiros.

Estoy diciendo que des “calidad” a su juego reaccionando a su curiosidad, reconociendo sus juegos y dejándole tiempo para explorar. Que tocar a tu hij@, abrazarl@, estar a su lado, no tiene por qué ser jugar.

Decidir jugar, cuando hay otr@s niñ@s con l@s que hacerlo, o lo está haciendo solo, o se está “aburriendo” es interrumpir, acaparar. El juego es un “trabajo de niñ@s”.
Jugar entre niñ@s enriquece, enseña y crea interacciones que, lo siento mucho, los adultos no somos capaces de reproducir. Porque somos adultos y nuestro universo perceptivo es a la fuerza diferente al infantil. Ni mejor, ni peor. Diferente. Digamos que vivimos “en otro mundo”. Ponemos en “ON” ese aprendizaje figurativo sin quererlo. No hay creatividad. Hay imitación.

Por otro lado, cuando hay otras cosas que tienes o te apetece hacer en vez de jugar con él/ella, es enseñar a tu hij@ que hay que “dejar todo de lado” para complaceros el un@ al otr@. Crea dependencia. He llegado a observar a padres/madres (incluida a mi misma) donde me he llegado a sentir algo “dejada de lado” si “mi hija” prefería jugar con alguién más. Porque yo no “hacía eso”, siempre era ella lo primero. Patético. Inconsciente. Hay que cambiar esos hábitos adquiridos.

Un@ no ama menos porque no esté las 24 horas del día jugando. El amor sano es el estar ahí, muchas veces de forma desapercibida. El abrazo, esa mirada, esa escucha. El “romanticismo mediático” social promulga otra forma de amar ya sea entre nuestr@s hij@s, ya sea entre nosotr@s mism@s y con otr@s: la entrega absoluta, fuera límites personales, no hay dolor… Y, desgraciadamente, no es de extrañar que caigamos en el hastío una y otra vez.

Es importante además que l@s niñ@s tengan tiempos “aburridos”. Una de las lacras de nuestra sociedad es que cuando un@ se aburre, parece que hay que buscar algo corriendo, hay que “producir” algo. Con los bebés y l@s niñ@s parece que tienen que estar constantemente aprendiendo o activ@s. Libros, cds, juegos diseñados para, material diseñado para… Estamos educad@s así y seguimos pasando el legado. “Aburrirse” tiene muchas cosas buenas. Estar con uno mism@ es de hecho, una de las mejores cosas que tiene el ser humano, porque cuando no hay ninguna actividad, no hay presión, un@ se para a contemplar, a vivir, a ser. No hace falta ir a Yoga para encontrar esta sensación, ni siquiera subir a una montaña de 2000 metros para hacerlo. A lo largo del día, en cualquier lugar y momento, hay infinidad de ocasiones para encontrarse con un@ mism@ y disfrutar.

Penelope Leach, en su libro Baby and Child es bastante exigente con lo que l@s padres/madres debemos ofrecer a nuestr@s hij@s pero es muy clara con el tema juego padres-niñ@. Sabe lo tentador que es entretener a l@s pequeñ@s de la casa y hacer su vida más fácil con ello. Pero ruega que l@s madres/padres nos pongamos en el lugar del niñ@, de alguien que tiene su propio proceso de adquisición, virtudes y puntos flacos que hay que ir mejorando o asimilando. “Acaparar” a l@s niñ@s es muy fácil. Lo difícil es dejarles ser. Sin más.

“Cuando tu hij@ no pueda hacer algo, (y te lo pida añadiría yo) préstale tus músculos coordinados, tu altura, y tu peso, pero ten claro que debes parar inmediatamente tras solucionar el problema”, dice Leach.

Es bueno que le escuches si tiene algo que decir, si te pide que juegues a algo momentáneamente para expresar algo que no puede expresar de otra manera, entonces adelante.

Encontrar el equilibrio entre tus intereses y los de tu hij@ es todo un reto, sobre todo si no sabes los intereses que te mueven, pero es más fácil encontrar el camino si “desaceleras” tu vida un poco, si no te exiges resultados y producción. Pasar tiempo de calidad con tu hij@ es eso: calidad, tanto para ti como para él/ella. Disfrutar de tu tiempo mientras tu hij@ juega (o no) con otr@s niñ@s, sol@, es de las mejores formas de disfrutar. Él/ella sabe que estás ahí, disponible, feliz. La felicidad irradia felicidad.

Para, respeta y deja que te respeten. La vida también está en esos momentos: en los silencios, en los parones.
Y sobre todo enseña que cada un@ tiene distintas aficiones y momentos para todo. Es sano, es bueno, es amor.


Fuente: http://networkedblogs.com/cSg0c

1 comentarios:

María Pérez-Cancio dijo...

Gracias por tus reflexiones, que comparto plenamente e intento llevar a cabo en la medida de mis capacidades.

 
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