23 enero 2010

¿QUE ES QUERER?

Pues voy a poner otro capitulo del libro <> Me lo he leido por encima,porque como me han recomendado el libro,en cuanto acabe el que me estoy leyendo,me lo voy a comprar :) ¿Qué es querer? A veces las lenguas son pobres y uno utiliza la misma palabra para decir que quiere pan con mermelada, que quiere a su marido o que quiere a su hijo. Sin embargo, son quereres muy diferentes, Claire quería a sus hijos más que al pan con mermelada, los amaba; es decir, sentía un afecto profundo hacia ellos. Sin embargo, nunca había conocido la emoción del amor, esa sensación tan especial que se deja sentir en el esternón. El amor nace en la intimidad, es una emoción sutil, que necesita seguridad para desarrollarse. La emoción es fisiológica, mientras que el sentimiento es una elaboración afectivo-mental. La emoción del amor alimenta el sentimiento del amor. Querer a un hijo parece algo natural, normal y evidente. Pero no siempre es tan sencillo. Hay infinidad de cosas que pueden interferir. Cuando ante su hijo recién nacido los padres no sien ten e esperado pellizco en el corazón, se desestabilizan y se sienten culpables, pero no se atreven a decirlo. Sin embargo, cuando el amor brilla por su ausencia, ello no significa que la culpa sea de los padres, sobre todo porque es una situación que se puede arreglar fácilmente a condición de que se atrevan a hablar libre mente. Hasta cuando son conscientes de ello, a los padres les es muy difícil atreverse a reconocer que no quieren a su hijo. Es un tema socialmente inaceptable, tabú e inconcebible, y más todavía para la madre. Mientras hablaba sobre este tema en el curso de una conferencia, una mujer que se hallaba en la sala se sublevó con mucha virulencia contra mis palabras: Usted no está autorizada a decir que hay madres que no quieren a sus hijos, posiblemente no los quieran como es debido, pero sí que los quieren; los quieren a su manera». Que una madre pueda no querer a su hijo nos resulta tan in tolerable que hasta negamos esa posibilidad. Pero entonces, ¿qué clase de vida tienen las mujeres para las que eso es una realidad? ¿Dónde pueden decirlo? ¿Adónde pueden acudir para que las es cuchen? Durante el cóctel que siguió a la conferencia, una mujer se me acercó. «Le doy las gracias por lo que ha dicho, no me he atrevido a hablar delante de todo el mundo, pero quería decírselo en persona. Nunca he querido a mi hija y ya tiene doce años. Durante la conferencia, la señora que se dirigió a usted intentó decir que cada uno quiere a su manera, pero yo sé bien que nunca he sido capaz de querer a mi hija. Y eso me hace sufrir mucho. Ni siquiera me he atrevido a hablar de ello con mi psicoterapeuta, aunque ya hace casi ocho años que acudo a su consulta. Usted es la primera persona a quien se lo digo. Gracias por haber dicho que una madre podía no querer a su hijo. Usted me ha hecho comprender lo que me ha impedido querer a mi hija. Me ha de vuelto la esperanza. Gracias en su nombre, y también gracias en el mío propio.» Decir que una madre no quiere a su hijo suena como una acusación. Y para no culpabilizarla, nos negamos a escuchar sus vivencias, no la dejamos hablar, y hasta le prohibimos que piense verdaderamente en lo que le sucede. Está sola consigo misma y con la convicción de que no es normal. Y seguramente se sentiría menos culpable si hubiera alguien que la escuchara, entendiera y acompañara hasta que fuera capaz de sentir amor. El amor puede dejar de existir a partir de la concepción, pero también es capaz de nacer a cada instante. ¿Cuántos hijos no deseados finalmente han acabado sintiéndose acogidos y amados de verdad? ¡Muchos! Nadine no estaba preparada para ser madre, por lo que, cuando supo que estaba embarazada, lo dijo bien claro: abortaría, y a no ser por su médico lo habría hecho. Pero el doctor Alain supo convencerla. «Usted vive con un marido al que quiere, tiene una profesión...» Nadine nunca se arrepintió de haber tenido a Apolline. Para ella, su pequeña es como un rayo de sol. La quiere tanto... No quiere que nadie le diga que había pensado en abortar. Le da miedo que le haga daño. Se siente culpable por no haber deseado a su hija. ¡Si aquel médico providencial no hubiera estado allí...! ¡Así es la vida! Nadine se sintió conmocionada al enterarse de su embarazo, y Apoiline vino al mundo sin haber sido deseada. Pero ¿eso le da a alguien el derecho a decírselo? ¿O acaso no es más importante que al nacer se sintiera querida, y, aun antes, en el seno materno, en cuanto su madre tomó la decisión de tenerla? Otras madres siguen sin querer a sus hijos durante m - más tiempo. Y para el niño eso es algo muy doloroso. Pero es preferible enfrentarse a la realidad para intentar paliar esta situación que cerrar los ojos. En mi presencia, Solange se atrevió a decirle a su hija de diez años que no la quería. Por supuesto, Solange no le dijo exacta mente «no te quiero», sino que enfocó las cosas del modo siguiente: «Con frecuencia me dices que no te quiero, que te quiero menos que a tu hermano. Cuando me lo dices, me duele, y en tonces te respondo que no es verdad. —Mirando a su hija a los ojos, Solange respira profundamente y sigue hablando— Pero tienes razón, no te quiero, no consigo quererte. Empecé a comprender el porqué con Isabelle y voy a decírtelo: cuando era pequeña, mi madre no me quería. Me ignoraba. Y cuando se preocupaba de mí, era para darme órdenes, para castigarme o para pegarme. Y yo me odiaba. Odiaba a aquella niña que no era capaz de merecer el amor de su mamá. Cuando naciste, volví a yerme en ti. Cuando te miro, me veo a mí misma. Tu hermano es un chico y con él no me pasa. Soy consciente de que para ti no es justo. ¡Me gustaría tanto quererte! Yo peleo conmigo misma para conseguir curarme, para poder quererte de verdad. De momento todavía no he conseguido querer a la niña que un día fui. No es a ti a la que no quiero, sino, de hecho, a mi propia infancia. Tienes derecho a que te quieran, pero me cuesta. Cuando veas que soy injusta contigo y que no te doy tanto como a tu hermano, te pido que me lo digas. Ya no te reñiré como antes. Quiero aprender a quererte.» Madre e hija tenían los ojos llenos de lágrimas. Pero no eran lágrimas de desesperación sino lágrimas de gratitud. Con sus palabras, Solange había roto el hielo que las separaba. «Gracias mamá, por decirme todo esto. No ha sido agradable. Pero me ha hecho bien.» Se miraron largamente a los ojos, y luego Solange fue capaz de hacer algo que hacía tiempo que le resultaba imposible: abrazar a su hija y estrecharla entre sus brazos. Su sinceridad había creado un momento de intimidad. La emoción del amor surge cuando se habla de corazón a corazón. Todo lo que escondemos, aunque no sea más que «para no herir a alguien», sólo sirve para alejarnos los unos de los otros. El problema no estaba resuelto. Solange no dejó de rechazar a su hija de un día para otro. A veces hace falta tiempo para cambiar. Pero su relación se había transformado. En lo sucesivo, Solange podía contar con un punto de referencia para encontrar el amor hacía su hija en los momentos difíciles. Por su parte, Adeline había experimentado la emoción del amor de su mamá, y cuando ésta la volvía a rechazar, podía agarrarse, más allá del aparente comportamiento de su madre, a este instante de intimidad que alimentaba su esperanza. Conviene precisar que es muy importante la presencia de una tercera persona en este tipo de encuentros. Esa persona garantiza que no se emitan juicios, permite que uno se dirija al otro y ayuda al interpelado a escuchar. Proporciona un espacio en el que todos se sienten seguros. Querer es muy sencillo. Basta con que se den las condiciones de seguridad, de autenticidad y de intimidad necesarias para que la emoción del amor florezca. Pero cuando estas condiciones no se dan, querer no es tan sencillo. Hay que rendirse a la evidencia. Cuando tantos niños experimentan el sentimiento de que no les quieren, o que los quieren menos que a sus hermanos o hermanas, vale la pena reflexionar sobre ello. Tenemos que dejar de confundir sentimiento de amor, emoción de amor y afecto. Podemos sentirnos muy profunda mente vinculados a nuestros hijos, experimentar un fuerte sentimiento de amor hacia ellos, y a pesar de ello es posible que no conozcamos la emoción del amor. Pasa como con el orgasmo, podemos vivir sin sentirlo, pero es una pena. Y nuestros hijos sufren por ello. Porque la emoción del amor que sentimos con su contacto también les llena a ellos, y les da una seguridad interior difícil de construir si dicha emoción no existe. Aprender a querer, o más bien recuperar la capacidad del amor, es posible a todas las edades. * Algo que muchas mujeres, pero también numerosos hombres, desconocen por las mismas razones de represión emocional, de control y de tensiones corporales.

2 comentarios:

MariayOscar dijo...

Uy¡¡ me ha quedado un poco churro la entrada.
Quise decir un capitulo sacado del libro<>
Estoy del internet no es lo mio :(

Nerea dijo...

gracias Maria!! (aunque se me haya hecho dificil leerlo sin parrafos).
Que dificil es esto de los quereres!!

 
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