23 diciembre 2009

CUENTO SOBRE LA LECHE MATERNA

Hola cariños mios! Por fin me han dado las vacaciones de Navidad. He tenido unas semanas con un nivel de estrés prenavideño, considerable. Los chavales estaban super acelerados, y no he tenido tiempo de nada, así que os he extrañado bastante. Espero que estos días pueda zambullirme bien en todas las entradas que hay colgadas, y ponerme un poquito al día con vosotras. Como anticipo, os envio un Cuento sobre Leche Materna, que me han enviado. Es de una cuenta cuentos y me ha parecido muy chulo. Espero que a vosotras también os guste. OS QUIERO Rosa Eva MAMIJOB Érase una vez un Rey que llamó ante su corte a todos los líquidos del reino. Cada uno debía explicar qué servicio prestaba y de qué manera beneficiaba a sus habitantes. El más importante recibiría un premio especial, mandó el Rey que todo el pueblo fuera notificado y se constituyó un jurado. Muchos líquidos se apuraron a presentar sus atributos con la esperanza de ganarse el galardón. El primero en llegar fue el mar. “-Yo soy el mejor, vuestra majestad, por mis profundas aguas navegan los grandes barcos que llevan en sus bodegas los productos que se comercializan en los puertos, también en mis aguas habitan grandes peces y animales nadadores que con su pesca se alimenta vuestro pueblo y como si fuera poco, poseo un valioso mineral tan beneficioso como la sal”… “-De ninguna manera, yo soy el mayor de los líquidos, -interrumpió el agua dulce- lleno los lagos, corro por ríos, arroyos, existen peces, plantas y otras criaturas que sin mi morirían, y lo que es más importante, lleno los pozos de donde beben los sedientos. Soy la única que aplaca la sed del hombre” “-Perdón majestad, no debéis olvidar a los jugos de frutas, también satisfacemos la sed de los hombres y gracias a nuestro sabroso producto, se fortalece su cuerpo con las vitaminas que le aportamos” A esa altura, se notaba el entusiasmo de los líquidos por presentar sus beneficios, pero seguían llegando a las puertas del palacio muchos más. El salón principal se iba llenando de cortesanos, hombres, mujeres y niños discutían tomando partido por el que creían era el mejor. Así se escuchó una voz que decía: “-Yo anuncio que el vino es el mejor, brinda alegría al corazón y alivia las penas”… “-No señor, yo creo que la lluvia es la mejor, riega nuestros campos, gracias a ella florecen las plantas, mantiene los árboles del bosque, aumenta el caudal de los ríos”… “-Y que me dicen de las lágrimas, -dijo otra voz- son ellas las que permiten desahogar nuestras angustias y dolores, además brotan tanto de un corazón quebrantado como de uno alborozado”… Y el tumulto estaba fuera de control, el Rey observaba afligido lo que su idea había provocado. En un costado del colmado salón, un niño pequeño, asustado por los gritos de los cortesanos, rompió en llanto, su madre, que no lo podía calmar, serenamente le susurró algo al oído, se desabrochó la blusa y lo colocó en su seno, un tibio manantial brotó de él, que de inmediato calmó al pequeño. El silencio se extendió por el salón, todos volvieron su mirada hacia la mujer, el Rey, abriéndose paso entre la gente, llegó hasta ella, sonriendo y sin desprender al niño del pecho de su madre, los condujo hasta el trono, allí, ante los asombrados súbditos declaró: “-No nos cabe la menor duda, es la leche materna el líquido más importante del reino, por lo tanto, la corono y ordeno que sus virtudes sean transmitidas por todo el reino y reinos vecinos, que de aquí en más, ninguna mujer deje de amamantar a sus hijos, por la salud, el bienestar, la higiene, la economía y sobre todo por el vínculo amoroso que crea entre madre e hijo, al que cada niño que nace en este mundo tiene derecho”… Sonaron las trompetas, repicaron las campanas, la fiesta continúa, se repite de generación en generación. Mariantonia Medicci, cuentacuento

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