21 noviembre 2009

LA MAGIA DE LAS MAMAS

Queridisímas brujitas mias! Os comparto este escrito que he encontrado en el Blog "La Teta y Más". Muchas de vosotras, tal vez lo hayais leido ya, pero me ha tocado la fibra esa que tenemos las brujas verdes, raras y amantes de nuestros hijos y de los niños en general, esa fibra que todas vosotras teneis dentro. Os quiero Rosa Eva MAMIJOB www.mamijob.mex.tl Desde siempre, desde la noche de los tiempos, ha existido la magia de las mamás. Sólo hace falta recordarnos a nosotros mismos, de niños; cuando nuestras expediciones terminaban en herida, ella siempre estaba ahí, con el “Sanita, sana…” que hacía más que la Mercromina. También estaba cuando algo salía mal, para dar un abrazo; o cuando venía el disgusto, y nos daba un beso. Y es sólo eso: un conjuro, un beso, un abrazo; un contacto que lo cura todo. La magia de las mamás.
Y esto ahora que lo recordamos, cuando hace generaciones que los “cazadores de magia” decidieron acabar con ellas, y sólo quedan estos vestigios, pocos, de toda la magia de las mujeres que se convierten en madres.
La evolución, las conquistas sociales, la lucha por la igualdad, ha ido terminando con esa magia; todo el maremágnum en el que se ha convertido la vida diaria de las personas, de las mujeres que queremos realizarnos, ser madres, esposas y personas de éxito en el mundo laboral; la llegada de las “superwomen” ha acabado con la esencia, con la sabiduría y la capacidad femenina para terminar con los problemas, para ver hasta con el cogote y saber, con una sola mirada, si las cosas van bien o mal. Y el caso es que la sociedad entera alaba a las superwomen y denosta a las magas.
Y cuando las elogian o las admiran, lo hacen por las razones equivocadas. Hace poco una mamá amiga, de esas “superwomen”, me dijo que yo era una súper mamá.
Lo curioso es que no me lo dijo por ninguno de los motivos por los que yo veo súper mamás.
No me lo dijo por criar a dos niñas de alta demanda con toda la paciencia de la que soy capaz para no perder los nervios cada dos por tres.
Tampoco me lo dijo por intentar inventarme un trabajo que me permita estar con ellas.
Ni por hacer malabares con un sueldo de risa para que no les falte de nada ni se enteren de los malabares.
No me lo dijo por estar sin dormir cuando se juntan las dos una de "esas" noches. Ni por comer la última y de pie porque no son capaces de estarse quietecitas ni cinco minutos. Ni siquiera por lo loca que se me pone la cabeza de las veces que tengo que oír "mamá ven" a lo largo del día. O por tener a la mayor con una pierna en cabestrillo durante tres semanas enseñándola yo en casa para que no pierda clase, y preparándola una fiesta de Carnaval con toda la chiquillería para que no se deprima.
Me dijo que soy una súper mamá, porque a la peque la llevo siempre encima, en los portabebés, y porque, con más de dos años le sigo dando teta.
Ya ves, por las cosas que me hacen la vida más fácil, es por lo que los demás me ven como una súper mamá.
Pero esto no viene de ahora.
Hace siglos que se nos convenció de la malignidad del parto, de la necesidad de medicalizarlo, de las bondades del no sentir frente al sentir; y con eso empezó el final de la magia.
Sólo han hecho falta un par de generaciones para terminar con toda la sabiduría que a lo largo de la historia de la humanidad (que es la historia de las madres y los hijos) las mujeres han ido recopilando para la supervivencia y mejora de la especie. En aras de un mejor nivel de vida, de una igualdad que parece que nunca alcanzamos, porque, no nos engañemos, siempre vamos un paso por detrás de los hombres, por mucho que intentemos correr; con la excusa de la racionalización de la vida, de la injerencia de expertos en todas las facetas de la existencia humana, hasta en los aspectos más íntimos, se ha ido terminando con la visceralidad, con el contacto físico, con lo más animal e instintivo de nuestras vidas.
Parece que nos fastidia aquello de “ser dominadas por las hormonas”, y debemos hacer lo contrario a lo que nuestra naturaleza dicta, y así nos va.
Y habrá quien diga que esta postura es retrógrada, que con todo lo que hemos conseguido las mujeres, lo que falta es que venga una y diga que donde deberíamos estar es en casa con los niños. Y no. Deberíamos retomar la evolución social que se inició hace dos siglos, porque lo que está claro es que tal y como estamos ahora poco hemos mejorado.
De lo que nos deberíamos haber dado cuenta cuando todo empezó es, precisamente, de la magia, el poder de las madres.
Y es que, hace 200 años, las encargadas de la educación de los niños eran las madres; las mujeres éramos quienes estábamos en casa, cuidando de los niños que estaban en la teta durante años y confiaban en ellas. Y en lugar de aprovechar la situación, la sociedad nos dice que lo que debemos hacer es abandonar la casa, trabajar al mismo nivel de los hombres, competir con ellos en eficiencia, pero cobrando menos, claro, que para todos no hay. Y para que no notemos esa llamada hormonal que nos dice que a los hijos no se les deja solos, ya nos ponen a parir (con perdón) en un entorno estéril, libre de emociones; y nos dicen que donde mejor están nuestros hijos recién nacidos es en una cuna de calor, lejos de nosotras; y nos convencen de que, además, han nacido para fastidiarnos; y nos dan claros datos médicos y psicológicos que demuestran que los niños deben aprender a vivir solos desde que nacen para ser más felices cuando sean adultos.
De esta manera, cuando apenas unas semanas más tarde nos vayamos a nuestro trabajo en el que tenemos que demostrar lo mucho que valemos y que somos mejores que los hombres, echando más horas por menos dinero, no nos sentiremos culpables y sentiremos mucho menos el vacío que deja un bebé en el alma de una madre.
Y entonces, cuando ese bebé ya tiene edad de ir al parque y se lastima, ya no recordamos el conjuro, le damos Trombocid. Y cuando nuestros hijos sufran una decepción, o tengan un disgusto, o les acosen en el cole, o sean ellos los acosadores, se consolarán solos, porque nuestro pecho, nuestras manos y nuestras voces ya no hacen mella en ellos. Y desaparecerán los ojos de nuestros cogotes. Y luego nos quejamos; y nos preguntamos qué pasa con nuestros niños. Todo esto es lo que reivindico en estas páginas, todavía no sé si pocas o muchas. Reivindico el derecho de las mujeres a volver al principio para hacerlo bien; su derecho a recuperar su magia, porque sin magia no se puede vivir y las sociedades se destruyen; su derecho a recuperar su vida para darse cuenta del poder de las madres, del poder sobrehumano de las mujeres: dar la vida y mantenerla.
Publicado por La Teta y Más

5 comentarios:

eva dijo...

Uff!!, qué puedo decir, Rosa. No lo había leído; gracias por mostrárnoslo.
Entre tú y yo, ahora que no nos oye nadie....yo quisiera continuar siendo una de esas mamás magas pero, lo cierto, es que después de casi tres años ya no sé qué inventarme para seguir siéndolo.
En mi caso es peor que el de la autora del artículo. Al menos a ella la llaman super mamá por algún motivo -aunque no sean los esperados-. A mí me dicen que es que "vivo muy bien sin ir a trabajar", que pasando tanto tiempo junto a mi hijo "no le dejo desarrollarse bien y crecer en autonomía".
Yo sé perfectamente lo que significa tener un niño de alta demanda (ALTÍSIMA DEMANDA).
Me ha emocionado mucho el artículo. Nuevamente gracias.

Virginia dijo...

Yo no lo había leído Rosa, me ha parecido un texto precioso, intenso, intentaré tenerlo presente en el día a día...

Chus Marcos dijo...

¡Qué bueno, Rosa! Gracias por compartirlo.

Isa dijo...

Gracias Rosa Eva, me ha gustado mucho. Me ha inspirado para incorporar esa magia invisible a mi diario, es tan fácil con los niños... siento que ellos viven más cercanos a lo misterioso y hermoso de la vida, que cuando les besas el dedo se les pasa el dolor (y se lo hacen entre ellos), que se puede ahullentar las sombras y lo oscuro con unos gritos mágicos y que hay puertas que se abren al Abrete sésamo (con fotocélulas ;-)), deseos que se cumplen y amigos invisibles
Un abrazo y buenas noches magicas
Isa

La Teta y Más dijo...

Alguien me acaba de comentar que pasase por este maravilloso blog, que habían colgado el primer capítulo de "La Magia de las Mamás".
Sólo quería decir: muchas, muchisimas gracias.
Escribo por necesidad, porque a veces reventaría si no lo hiciera, y eso que cada vez tengo menos tiempo, pero el hecho de que haya alguien que condiere algo mío digno de compartirlo me halaga.
Pero sobre todo quería decir que me han emocionado los comentarios:
Eva, yo tengo dos hijas de alta demanda; la mayoría de la gente de mi entorno (incluidos mis padres y mis suegros) les cuesta entender que mi casa sea una especie de campo de batalla porque es imposible atenderlas a ellas y pasar el aspirador; hay que tener mucha paciencia y no olvidar que nuestra obligación son nuestros hijos, y a veces hay que hacer oídos sordos.
Isa: creo que todas tenemos que recuperar esa magia o los niños, nuestro futuro, está perdido. Ellos, los más pequeños, lo tienen claro, lo ven con toda la naturalidad del mundo; es más fácil creer en la magia que en todas las medicinas del mundo.
Rosa: gracias por publicarlo. Si necesitas algo más, no sólo estoy en ese blog, sino en la web de La Teta, para lo que quieras.
Gracias, mil gracias.
Besín
Raquel
La Teta y Más.

 
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